El Papa León XIV: El auténtico destino del corazón es colmarlo con el Amor de Dios

Durante la catequesis de la Audiencia General de este miércoles 17 de diciembre, el Papa León XIV ofreció una profunda reflexión sobre el sentido del corazón humano, advirtiendo sobre el riesgo de una vida absorbida por el hacer constante, que muchas veces no conduce a la plenitud.

“El hecho de hacer demasiado, en lugar de darnos plenitud, se convierte en un vórtice que nos aturde”, afirmó el Santo Padre ante los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro. Frente a esta realidad, invitó a leer la vida bajo el signo de la Pascua, lo que —según explicó— permite acceder a la esencia de la persona humana: el corazón.

León XIV subrayó que el verdadero tesoro no se guarda “en las cajas fuertes de la tierra”, ni en grandes inversiones financieras, hoy “injustamente concentradas e idolatradas al precio de millones de vidas humanas y de la devastación de la creación de Dios”. El auténtico tesoro, aseguró, se conserva en el corazón.

El tesoro de amar al prójimo

El Pontífice enfatizó que el destino del corazón humano no está en la posesión de bienes materiales, sino en alcanzar aquello que puede colmarlo plenamente: el amor de Dios, o mejor dicho, Dios que es Amor. Este tesoro se encuentra, precisó, en el amor concreto al prójimo, a los “hermanos y hermanas de carne y hueso” que salen al encuentro en el camino de la vida.

Amar al prójimo —explicó— implica detenerse, mirar a los ojos, cambiar de planes e incluso de dirección, dejando que el corazón se abra y se done.

La Pascua, destino del corazón inquieto

Reflexionando sobre el ritmo acelerado de la sociedad actual, donde se exige rapidez y resultados inmediatos, el Papa se preguntó si, al participar de la victoria de Cristo sobre la muerte, el ser humano podrá descansar. “La fe nos dice que sí —afirmó—: entraremos en el descanso de Dios, que es paz y alegría”.

León XIV recordó que no somos máquinas, sino que “somos un corazón”. Este representa la síntesis de pensamientos, sentimientos y deseos, el centro invisible de nuestra humanidad. Por eso, advirtió que la dispersión, la falta de sentido y el vacío interior pueden aparecer incluso en personas aparentemente exitosas.

En este contexto, retomó la expresión de san Agustín, cor inquietum, para describir al corazón humano como inquieto no por desorden, sino porque está orientado hacia su destino último: “volver a casa”.

La esperanza que no defrauda

“El secreto del movimiento del corazón humano —concluyó el Papa— es volver a la fuente de su ser y disfrutar de un gozo que no termina”. Jesucristo, afirmó, ha dado un fundamento sólido a esta esperanza, y el corazón no quedará defraudado si entra en el dinamismo del amor para el cual fue creado.

“El destino es seguro —subrayó—: la vida venció y en Cristo seguirá venciendo en cada muerte de lo cotidiano”.

Cercanía con los enfermos

Antes de la Audiencia General, el Papa León XIV saludó a un grupo de enfermos en el Aula Pablo VI. En un gesto de cercanía pastoral, les deseó que la alegría de la Navidad los acompañe a ellos y a sus familias, y los animó a confiar siempre en el amor y la protección del Señor.

Fuente: Vatican News

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