Mons. Celestino Ocampos reflexiona sobre la paz, el Adviento y el derecho a la tierra, techo y trabajo en el tercer día del Novenario

Caacupé, Paraguay. En el marco del tercer día del Novenario en honor a la Virgen de Caacupé, el obispo de Carapeguá, Mons. Celestino Ocampos, presidió la celebración eucarística ofreciendo una profunda reflexión sobre la paz, la vigilancia espiritual y los derechos fundamentales de toda persona: tierra, techo y trabajo.

Desde el santuario, el obispo dirigió un fraternal saludo a los sacerdotes concelebrantes, diáconos, seminaristas, religiosas y peregrinos presentes, así como a los fieles que acompañan la celebración a través de los medios de comunicación, recordando especialmente a los enfermos.

La paz como don y compromiso cristiano

Mons. Ocampos destacó la belleza del salmo responsorial, que expresa el gozo de peregrinar a la casa del Señor, e invitó a los fieles a ser promotores de paz en sus hogares y comunidades. “Desear la paz, dar la paz y llevar esa paz a nuestras familias”, insistió, recordando que este gesto se convierte en misión cuando el cristiano comparte con otros la gracia recibida.

Al referirse a la realidad mundial, lamentó la existencia de más de 40 conflictos armados en el planeta, que generan dolor, desplazamiento y muerte, especialmente entre los inocentes. Enfatizó la necesidad de “forjar de las espadas arados”, y destinar los recursos a infraestructura, alimentos y medicinas, en lugar de armamentos.

Adviento: tiempo de vigilancia y conversión

Retomando la segunda lectura, el obispo llamó a vivir un Adviento atento y vigilante: “La vida es fugaz, somos peregrinos. El Señor viene continuamente a nuestro encuentro en el hermano necesitado”. Invitó a tomar conciencia del paso del tiempo y a revestirse de Cristo, como propone San Pablo, para rechazar la violencia, el materialismo y la indiferencia.

Tierra, techo y trabajo: derechos sagrados

El tema del día —“Garantizar tierra, techo y trabajo para todos”— ocupó un lugar central en su homilía. Mons. Ocampos recordó que estos derechos, defendidos reiteradamente por el Papa Francisco, expresan la dignidad humana más básica y forman parte del destino universal de los bienes.

“Dios creó el mundo para todos, no solo para algunos”, subrayó, destacando la enseñanza bíblica y patrística sobre la función social de la propiedad y el deber de compartir. También valoró los esfuerzos gubernamentales para proveer viviendas dignas, aunque reconoció que la demanda supera ampliamente las respuestas actuales.

Pidió que la Iglesia misma dé testimonio compartiendo recursos entre parroquias y diócesis, y organizando mejor la pastoral social para ofrecer respuestas más efectivas a los sectores vulnerables.

Un compromiso desde la fe

En el inicio del nuevo año litúrgico, y bajo el lema nacional “El Bien Común: denles ustedes mismos de comer”, el obispo exhortó a asumir un compromiso concreto con quienes carecen de oportunidades.

“El Señor nos dice: denles ustedes mismos de comer. No es fácil, pero es el camino cristiano”, expresó, llamando a aliviar el sufrimiento de miles de paraguayos sin tierra, sin vivienda o sin trabajo.

Finalmente, recordó que en cada Eucaristía Cristo se entrega como alimento y ejemplo de solidaridad. “Que ese gesto nos haga más sensibles y generosos con nuestros hermanos más pobres”, concluyó.

Oficina de Comunicación y Prensa

Conferencia Episcopal Paraguaya

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