Mons. Marcelo Benítez llama a una “conversión ecológica radical” en defensa de la casa común

Durante su homilía en el marco del Novenario de Caacupé, Mons. Marcelo Benítez dirigió un fuerte llamado a tomar conciencia sobre el deterioro ambiental y la urgencia de asumir un compromiso real con el cuidado de la casa común. Basado en la enseñanza del Génesis y en la encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco, el obispo recordó que “toda la creación de Dios es muy buena” y que el ser humano es su custodio.

La creación amenazada y la crisis climática

Mons. Benítez advirtió que los modelos económicos actuales están destruyendo la naturaleza, priorizando ganancias sobre la vida. Señaló que la madre tierra “sufre dolores de parto” por la deforestación, la contaminación del agua y del aire, y el uso de potentes agrotóxicos. En ese sentido, criticó duramente al agronegocio que “mata la tierra y envenena el agua”, dejando en condiciones de vulnerabilidad a los pequeños productores y comunidades rurales.

Recordó que el clima es un bien común y que hoy “la armonía del planeta ha sido alterada por el hombre”. Sequías, inundaciones y tormentas más severas son consecuencias del colapso climático, que ya afecta la seguridad alimentaria y las fuentes de agua.

Un modelo que excluye y empobrece

El obispo lamentó que muchos sectores de poder prioricen intereses económicos por encima del bienestar del pueblo. “En la mayoría de los casos se favorece a los más poderosos, mientras los más pobres pagan el precio”, afirmó, destacando la responsabilidad de las instituciones públicas en la defensa del ambiente y de las comunidades.

Asimismo, subrayó que la biodiversidad está en declive: las poblaciones silvestres han disminuido drásticamente desde 1970 y los suelos, fundamentales para la vida, se encuentran cada vez más degradados. “Sin suelos vivos no hay ecosistemas que sobrevivan”, enfatizó.

Una invitación a actuar

El prelado insistió en que existen alternativas. Destacó el valor de la agricultura familiar, la agroecología y los saberes de los pueblos indígenas como caminos para restaurar la tierra y producir sin destruir.

“Actuemos. La naturaleza puede recuperarse si cambiamos ahora”, expresó, pidiendo un compromiso urgente de todos los sectores. Recordó que la Constitución Nacional reconoce el derecho a un ambiente sano y exige a las autoridades su protección.

Conversión ecológica: un llamado ineludible

Mons. Benítez fue contundente: “Sin el cuidado de nuestra casa común no se puede hablar de bien común”. Invitó a una “conversión ecológica radical”, que transforme los estilos de vida, los modos de producción y consumo, orientándolos hacia la justicia ambiental y social.

Con las palabras del cántico de San Francisco, concluyó recordando que todo lo creado —el sol, la luna, el agua, la tierra— es un regalo del amor de Dios, y que su custodia es una tarea que nos involucra a todos.

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