En el marco del Año del Bien Común que vive la Iglesia en el Paraguay, este cuarto día del novenario en Caacupé estuvo centrado en un tema esencial para la vida cristiana: la fraternidad. Mons. Guillermo Steckling, Obispo Emérito de Ciudad del Este, reflexionó profundamente sobre el desafío de “hacernos hermanos” y construir una sociedad fundada en el amor mutuo.
El obispo recordó que cuidar lo que es común a todos es parte del mandamiento del amor al prójimo, y destacó que la fraternidad, lejos de ser un simple ideal, ya fue vivida intensamente en los primeros tiempos de la Iglesia. “Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común”, citó, recordando la experiencia de la primera comunidad cristiana impulsada por el Espíritu Santo.
“Somos hijos de María, somos hermanos”
Frente a la imagen de la Virgen de Caacupé, Mons. Steckling subrayó que el santuario es un lugar privilegiado para renovar este sueño de hermandad. Recordó el momento en que Jesús, desde la cruz, entregó a María como madre de todos los discípulos: “María es tu madre… somos hijos de María, somos hermanos”.
Invitó a que la construcción de la fraternidad empiece por lo cotidiano:
la familia, el barrio, la comunidad de fe, y desde allí irradiarse a todo el país. “La caridad comienza por casa”, afirmó, animando a que las comunidades cristianas sean espacios reales de cercanía y unidad.
Los obstáculos y la tentación del grupismo
El obispo alertó sobre las formas de división que amenazan la convivencia: los grupos cerrados, las asociaciones excluyentes y la indiferencia hacia los pobres. Citó al Papa Francisco y a su encíclica Fratelli tutti, recordando que el Evangelio no admite hermandades pequeñas que excluyan a la mayoría.
“Nos entristece la corrupción, que es cruel con quienes no tienen nada”, expresó, exhortando a pequeños pasos concretos como no aceptar ni cobrar coimas, rezar por quienes nos lastiman y ayudar a quienes lo necesitan.
La fraternidad nace de la fe y se sostiene en la caridad
Mons. Steckling recalcó que la verdadera hermandad no se construye sólo con razón, sino desde la fe en un mismo Padre que nos creó a todos. “No puede haber valores cristianos sin apoyarnos fuertemente en Cristo”, afirmó.
Recordó también el rol de los santos paraguayos y modelos de vida fraterna, como la Beata Chiquitunga, el Padre Julio César Duarte Ortellado y el Pai Pucú, quienes supieron crear ambientes de familia y solidaridad.
El camino para crecer en hermandad —indicó— requiere perseverar en la enseñanza de los apóstoles, la comunión, la eucaristía y la oración, tal como lo señala la primera lectura del día.
“El amor de Cristo es la única fuerza que cambiará el mundo”
El obispo retomó las palabras del Evangelio: “Aménselos unos a los otros como yo los he amado”. Recordó que la caridad, vivida con sacrificio, es una fuerza que transforma la historia y que los pequeños actos de bondad —una sonrisa, un regalo a un pobre, la ayuda a un anciano— son semillas reales de fraternidad.
“Construyamos la fraternidad. El amor a la manera de Cristo es lo único que salvará al mundo”, concluyó.
Oficina de Comunicación y Prensa
Conferencia Episcopal Paraguaya




