Caacupé 2025: Mons. Pedro Collar Noguera llama a construir la fraternidad como camino hacia el Bien Común

En el marco del Año Jubilar y del Novenario en honor a la Virgen de Caacupé, la Basílica Nacional volvió a reunir a obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas y miles de fieles del país. En un ambiente de profunda devoción y esperanza, Mons. Pedro Collar Noguera presidió la celebración y presentó su homilía centrada en un pilar esencial para la vida nacional: la construcción de la fraternidad como fundamento del Bien Común.

En su reflexión, recordó que el santuario de “Tupasy Caacupé” es un signo vivo de la fe del pueblo paraguayo, lugar donde generaciones han depositado sus luchas, alegrías y anhelos. Este año, guiados por la frase evangélica “Denles ustedes de comer” (Mt 14,16), la Iglesia exhorta a asumir un compromiso concreto con la dignidad de cada persona, especialmente la más vulnerable.

El Bien Común: un principio vivo y transformador

Mons. Collar Noguera destacó que el Bien Común, piedra angular de la Doctrina Social de la Iglesia, no es una idea abstracta, sino una responsabilidad compartida que busca el bienestar integral de todas las personas. Citando al papa Benedicto XVI, recordó que el amor al prójimo se hace más eficaz cuando se trabaja por estructuras sociales justas que respondan a las necesidades reales de la gente.

La fraternidad como condición de la misión

El obispo subrayó que la misión de la Iglesia solo es posible donde existe comunión. La falta de fraternidad debilita el testimonio y la credibilidad del Evangelio. Retomó el relato de Caín y Abel como advertencia sobre cómo la negación del hermano destruye la convivencia y oscurece la relación con Dios.

Inspirado en la comunidad cristiana primitiva, resaltó la importancia de la solidaridad concreta, donde los bienes, las responsabilidades y la vida misma se compartían según las necesidades.

Fraternidad sacerdotal: un desafío permanente

Dirigiéndose especialmente a obispos, sacerdotes y diáconos, Mons. Collar Noguera señaló que la fraternidad es uno de los mayores tesoros del ministerio ordenado. La formación permanente —recordó— debe fortalecer vínculos auténticos basados en la confianza y el acompañamiento. La Ratio Fundamentalis Institutionis Sacerdotalis insiste en que la madurez afectiva y relacional es indispensable para ejercer el ministerio con responsabilidad y cercanía.

Desafíos que claman fraternidad en Paraguay

El obispo invitó a mirar el país con sinceridad, reconociendo realidades que contradicen la fraternidad: pobreza extrema, hacinamiento carcelario, indígenas en situación de calle, violencia, abusos, narcotráfico, trata de personas y polarización social. Ante esto, propuso cuatro caminos: conversión personal, servicio, diálogo social y sinodalidad.

Conversión

Mons. Collar Noguera recordó que la transformación de la sociedad comienza por la conversión de los corazones. Citó a la Madre Teresa: “Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo primero”.

Servicio

El pueblo —afirmó— no pide sacerdotes perfectos, sino cercanos. “Un sacerdote que no escucha no podrá hablar al corazón”, expresó, animando a caminar con la gente, reír y llorar con ella, y servir con entrega total.

Diálogo social

Apoyándose en Fratelli Tutti, llamó a promover el diálogo como herramienta para superar divisiones. “Jajotopa, ñañomongueta, ñañopytyvõ”, exhortó, invitando a construir comunidad en barrios, vecindarios y parroquias.

Sinodalidad

Vivir la sinodalidad —dijo— es aprender a caminar juntos, escucharnos y discernir en comunidad. Esta actitud debe extenderse a la sociedad, promoviendo una cultura del encuentro y derribando muros de indiferencia.

Una misión compartida para el Paraguay

Mons. Pedro Collar Noguera concluyó recordando que el Paraguay es de todos, y todos somos responsables de generar condiciones que dignifiquen la vida humana. La fraternidad, vivida sin límites, hace posible construir una sociedad más justa y solidaria.

Encomendó finalmente esta misión a la Virgen de los Milagros de Caacupé, pidiendo su protección para que cada sacerdote y fiel sea instrumento de amor, perdón y esperanza en sus comunidades. “Al recibir el Cuerpo de Cristo —señaló— nos hacemos uno con Él y con los demás, impulsados a vivir en servicio y solidaridad”.

Oficina de Comunicación y Prensa

Conferencia Episcopal Paraguaya

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